La gente ya no se mira. No del todo. Dan. Dan lo que les sobra. Lo que no duele. Rápido, como quien tira un cigarrillo al mar. Pan duro. Monedas frías. Sonrisas de manual. Pero hay otra hambre. Silenciosa. La del que parte su pan en trozos y se olvida del banquete propio. Al final, estamos desnudos. Todos. Nadie lo nota. Ciegos de tanto no mirar. Lo peor no es el engaño. Es no saber que te engañás.
viernes, 18 de julio de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
ENTRAR
Todas las tardes, un hombre se detenía ante la misma puerta. La puerta de su casa. Metía la llave, giraba, empujaba. Adentro, todo esta...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Llegará un día en que, al abrir los ojos, el futuro ya no será aquel paisaje generoso donde se guardaban todos los comienzos. Seguirá a...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario