Hay otra manera. No la que te dieron, no la que repiten. No esa rutina que no es tuya, que nadie eligió, pero todos aceptan. Una jaula que sólo existe porque seguimos midiendo el espacio entre sus barrotes, en lugar de probar la cerradura. Hay que saltar. Aunque todos griten. Aunque te llamen loco. Aunque al principio sólo haya silencio donde antes había aplausos. No es necesario desaparecer. Basta con negarse. Con dejar de correr hacia la nada. Con abrir los ojos un martes cualquiera y entender que el tiempo no es dinero: es el fuego que te quema vivo. Que los dioses no reclaman sacrificios. Que vivir -esta vez en serio- no es pedir permiso. Saber eso es lo único que importa. Lo demás son palabras. Y las palabras, si no rompen el silencio con actos, son jaulas de otro tipo.
martes, 5 de agosto de 2025
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