Algunos caminan entre la multitud con los bolsillos llenos de cosas. Otros llevan las manos vacías, pero los dedos apretados, como si aún sostuvieran algo. Los raros son aquellos cuyas manos cuelgan libres, con esa levedad de quien ha dejado caer lo que otros guardan. -Te sobra -señalan con el dedo. -Me falta -piensan en silencio los señalados. Las pantallas muestran lo que cualquiera puede ver: sonrisas ensayadas, objetos ajenos que aparentan ser propios, instantes que no duran. Lo que resiste ser tocado. Casi nadie les cree. Porque el lenguaje que todos comprendemos es el de lo que se puede palpar. La ausencia, cuando es deliberada, parece una herida o un engaño. Lo cierto desaparece, lo que conviene queda en el aire. La verdad, en estos días, es un pájaro de alas de barro que nunca vuela recto y jamás se posa donde uno espera. Sin embargo, hay una certeza que no proviene de lo que se muestra, sino de lo que se elige ocultar. Y así, mientras los unos siguen cargando sus bolsillos y sus mentes, los otros caminan livianos, sabiendo que lo único verdadero es lo que no deben cargar.
sábado, 2 de agosto de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
QUEDARSE QUIETO
El mundo perdió sus templos. Nadie sabe bien quién bendice, quién condena. Entonces uno podría esperar afuera, con la mano extendida, a...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Una puerta. Está el afuera, y el adentro. Abrir es un acto sencillo: permitir el paso de un lado al otro. La dificultad reside en lo q...
No hay comentarios:
Publicar un comentario