Vivimos cayendo. Es una regla sin excepciones. Caminamos. Tomamos aviones. Creemos movernos hacia adelante. Es una ilusión útil. Un pájaro no vuela: se niega a caer. Un edificio no crece: posterga su regreso al suelo. Toda acción horizontal es un hermoso ardid. Una distracción. La velocidad, los proyectos, el ruido. Son artilugios para no oír la verdad única: desde que nacemos, nuestra única dirección es hacia abajo. Entonces, ¿por qué tanta resistencia? Quizás la sabiduría no esté en luchar, sino en comprender. En aceptar esa caída elegante que nos define. Descansar los brazos, entonces. Cesar el forcejeo. Descubrir que en la rendición hay una paz antigua, y en el abandono, una especie de regreso.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO QUE SE QUEDA
Uno aprende, con el tiempo, que algunas cosas se quedan. Una canción. Una persona. Una playa. Un día cualquiera. Una noche. Una tarde q...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Te pasás la vida soñando. Con la casa, con el auto, con ese rincón de paz donde todo esté en su lugar. Juntás plata, pedís créditos, fi...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...
No hay comentarios:
Publicar un comentario