Entendés a los demás. Sufrís sus problemas como propios. Ayudás a cargar el peso. Casi sin pensarlo. Les das tu atención. Pero cuando el problema es tuyo, la cosa cambia. Ahí tenés que fijarte bien: ver si la gente se acerca para acompañarte de verdad, o sólo para pasar el rato y seguir su camino. Porque muchos van a venir. Van a escuchar tu problema. Van a tomar un poco de tu calor. Y se van a ir, sintiéndose bien por haber "estado", sin preguntarse cómo seguís vos cuando se dan vuelta. La verdad es así de simple: el que siempre está para los otros, a la larga se queda solo. Y una persona, si no la sostiene nadie, se cae. Por eso hay que tener los ojos abiertos. Aprender a reconocer quién se queda a tu lado y quién sólo está de paso. Y entonces, saber a quién abrirle la puerta. Porque entender al otro no es un deber. Es un lazo que se teje entre dos. Si sólo una mano teje, al final sólo queda un hilo suelto.
lunes, 8 de septiembre de 2025
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