La abdicación del pensamiento crítico. Una derrota disfrazada de comodidad. La mente claudica, no por la fuerza, sino por pereza. El mecanismo falla: llega una idea y, en lugar de interrogarla, se busca su etiqueta. Si proviene del ídolo de turno, se acepta como verdad. El brillo del origen reemplaza el rigor del examen. No es una entrega elegante, es una renuncia. Pensar duele, exige esfuerzo, consume energía. Mejor abdicar. Firmar la dimisión en silencio. El resultado no es paz, sino un vacío. Un coro que repite, nunca cuestiona. La habitación de la razón se oscurece. Alguien, desde su interior, apagó la luz. Esa oscuridad voluntaria es la única derrota que importa. Claudicar no es morir, pero es la muerte de lo que importa.
jueves, 9 de octubre de 2025
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