No se ama lo perfecto. Se ama la huella, que es el mapa de lo vivido. Lo perfecto es una estatua en un parque: se admira, se fotografía, se olvida. No invita a sentarse. No pide que le cuenten un secreto. La gente se acerca a lo que late. A la pequeña torpeza que delata un corazón. A la sonrisa que no es espléndida, pero es cierta. A la manera de llevar el propio peso, sin disimulos. Porque quien oculta sus defectos se convierte en humo: no se lo puede abrazar. No deja huella. Es alguien educado, pulcro, y profundamente solo. Le ha quitado el motor a su vida para que no haga ruido. La verdadera compañía nace cuando dos se reconocen en sus carencias. Cuando alguien dice "también yo" sin palabras. Cuando se comparte el pan de cada día, con sus migas y sus faltas. Así, quien quiere ser perfecto se queda solo. Impecable. Y vacío. Quien acepta ser humano, construye una casa. Y en ella, hay gente.
jueves, 9 de octubre de 2025
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