Hay una inteligencia que no se enseña. Se acumula. Es la experiencia de lo vivido. Un depósito de gestos, miradas, finales que viste llegar. No es la hoja de la margarita. No se trata del optimismo ciego de quien elige al azar. Eso no es inteligencia. La intuición es lo contrario: es la certeza silenciosa que construiste con los años. No la escuchás. La sentís en el cuerpo. Una brújula calibrada por todas las veces que te perdiste. Uno debe aprender a seguirla. Incluso cuando no lleva a ningún lado. O precisamente entonces. Porque a veces el destino no es un lugar útil, sino necesario. Escribir un texto sobre la intuición, por ejemplo. ¿De qué sirve? No cambia nada. No resuelve hambres. Pero hay un impulso, una corrección interna que pide ser obedecida. Es la inteligencia que acumulaste pidiéndote que hagas, simplemente, lo que tenés que hacer. Un acto perfecto porque nace completo, sin justificación. Y cuando eso pasa, el mundo conspira a tu favor. Lo importante es obedecer. Confiar siempre en ese mecanismo interno. En la paz de quien ya no duda.
viernes, 10 de octubre de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO QUE SE QUEDA
Uno aprende, con el tiempo, que algunas cosas se quedan. Una canción. Una persona. Una playa. Un día cualquiera. Una noche. Una tarde q...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Te pasás la vida soñando. Con la casa, con el auto, con ese rincón de paz donde todo esté en su lugar. Juntás plata, pedís créditos, fi...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...
No hay comentarios:
Publicar un comentario