Avanzan. No por maldad ni bondad. Es el ritmo natural de la sociedad. Todos ejercen su presión, quieren alterar nuestro curso. Tienen ese derecho, quizás. Nosotros tenemos otro: trazar la línea. Decir "hasta acá". Como los árboles en el bosque. Crecen cerca, pero sus ramas no se entrelazan. Buscan el sol, cada uno en su espacio. Si se acercaran más, se robarían la luz. Si se alejaran, serían frágiles ante la tormenta. Entre ellos queda una frontera silenciosa. No es un pacto, es una inteligencia antigua. La solución no es negar el avance, que es inevitable. Es marcar con calma, pero con firmeza, el territorio propio. Defender el círculo de luz que nos corresponde. Nada más.
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QUEDARSE QUIETO
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