Se nace en una casa que no se eligió. Sus paredes son lo que pasó. Su luz, lo que queda. Se vive en ella. Se conocen sus rincones. Se pinta lo que se puede pintar. Con colores reales. Se abren ventanas donde es posible. Hay vigas que no se cambian. Pilares que sostienen lo que fue. La verdad no está en derribarlos. Está en quedarse quieto, un día cualquiera, en el centro de esa casa. Ver cada línea. Cada marca. Cada color. Y decir, simplemente: Acá vivo.
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