Creer que todo arranca en la primera página es un engaño. Como ver el tren y suponer que el viaje comienza en ese momento. No es así. El tiempo no es una ruta. Es un juego que te gana siempre. Te ofrece un sabor y, cuando creés tenerlo, se va. Pero algo queda. Una partícula de verdad. Pensá en esa estrella que ves por las noches. Se apagó hace siglos. Sin embargo, su luz llegó hasta vos. Ahí está. No es un recuerdo. Es un hecho. Su final se transformó en tu mirada. Las cosas no se ordenan. Se encuentran. Se superponen. Colisionan y, en ese choque, se alteran. No hay un inicio. Hay muchos, todos a la vez, y vos en el medio, tratando de unir los puntos. Vivir es eso. No empezar. Cambiar. Reacomodar los pedazos. Una y otra vez. Hasta que aceptás que el principio era sólo un consuelo para los impacientes. La verdadera historia ya empezó. Y sigue. Siempre sigue.
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