La mañana los une sin pedir permiso. Es la luz, simplemente, que tiende un puente entre ellos. No da nada. No quita nada. Se ofrece, sin pedir nada a cambio. Ponte en mi lugar. No para juzgar, sino para habitar ese silencio donde las certezas se desdibujan. Camina en mis zapatos, no como un viaje, sino como una pausa, un alto en el camino donde lo otro existe sin necesidad de ser entendido, poseído o domesticado. La empatía no es un sentimiento. Es un espacio. Un territorio que se abre cuando el yo calla; cuando cesa la urgencia de tener y se accede a la gracia simple de ser. El vaso. La taza. La luz entre ellos. Nada más. Nada menos. Todo en esa frágil vacuidad, donde dos vacíos distintos se prestan aire, por un momento, y crean un mundo.
lunes, 13 de octubre de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
ENTRAR
Todas las tardes, un hombre se detenía ante la misma puerta. La puerta de su casa. Metía la llave, giraba, empujaba. Adentro, todo esta...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Llegará un día en que, al abrir los ojos, el futuro ya no será aquel paisaje generoso donde se guardaban todos los comienzos. Seguirá a...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario