La mañana los une sin pedir permiso. Es la luz, simplemente, que tiende un puente entre ellos. No da nada. No quita nada. Se ofrece, sin pedir nada a cambio. Ponte en mi lugar. No para juzgar, sino para habitar ese silencio donde las certezas se desdibujan. Camina en mis zapatos, no como un viaje, sino como una pausa, un alto en el camino donde lo otro existe sin necesidad de ser entendido, poseído o domesticado. La empatía no es un sentimiento. Es un espacio. Un territorio que se abre cuando el yo calla; cuando cesa la urgencia de tener y se accede a la gracia simple de ser. El vaso. La taza. La luz entre ellos. Nada más. Nada menos. Todo en esa frágil vacuidad, donde dos vacíos distintos se prestan aire, por un momento, y crean un mundo.
lunes, 13 de octubre de 2025
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