La grieta. No está entre el silencio y el ruido. Está entre dos ruidos. Uno es un rugido. El otro, un parloteo. Parecen enemigos. No lo son. Son dos formas orquestadas de llenar el mundo. Donde hay personas, hay desacuerdos. Donde hay ideas, hay disputas. Esa pelea no está mal. Lo malo comienza cuando un ruido ya no oye al otro. Cuando la grieta se vuelve un muro. El que ve claro, no elige equipo. Su mirada no necesita testigos. No juega ese juego. No se deja inocular. Da un paso al costado. No es cobardía. Es inteligencia. Desde ahí, mira. Ve el tablero entero. No se traga un menú de meros gritos o palabras vacías. El poder es para los que tienen los dos ruidos. Para los que viven en la grieta. Los que buscan lo real se alejan. No porque no puedan. Porque es lo justo. En ese sitio que eligieron, nace una calma. Un saber que no pide permiso. Es una verdad que no se inocula. Que no se contagia. Se piensa. Y con eso basta.
miércoles, 29 de octubre de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
ENTRAR
Todas las tardes, un hombre se detenía ante la misma puerta. La puerta de su casa. Metía la llave, giraba, empujaba. Adentro, todo esta...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Llegará un día en que, al abrir los ojos, el futuro ya no será aquel paisaje generoso donde se guardaban todos los comienzos. Seguirá a...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario