La grieta. No está entre el silencio y el ruido. Está entre dos ruidos. Uno es un rugido. El otro, un parloteo. Parecen enemigos. No lo son. Son dos formas orquestadas de llenar el mundo. Donde hay personas, hay desacuerdos. Donde hay ideas, hay disputas. Esa pelea no está mal. Lo malo comienza cuando un ruido ya no oye al otro. Cuando la grieta se vuelve un muro. El que ve claro, no elige equipo. Su mirada no necesita testigos. No juega ese juego. No se deja inocular. Da un paso al costado. No es cobardía. Es inteligencia. Desde ahí, mira. Ve el tablero entero. No se traga un menú de meros gritos o palabras vacías. El poder es para los que tienen los dos ruidos. Para los que viven en la grieta. Los que buscan lo real se alejan. No porque no puedan. Porque es lo justo. En ese sitio que eligieron, nace una calma. Un saber que no pide permiso. Es una verdad que no se inocula. Que no se contagia. Se piensa. Y con eso basta.
miércoles, 29 de octubre de 2025
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