El blanco es para los que aún creen en la pureza. Es una luz que enceguece y, al final, siempre revela la mancha. La inocencia es eso: una finísima tela blanca esperando la primera mancha. Los hombres que confiaron en eso, yacen en el recuerdo, demasiado ciegos para ver la herida que se acercaba. Yo visto de negro. No para esconder la mancha, sino para integrarla. El negro no es la ausencia. Es la presencia de todo lo que el blanco no puede soportar. La esposa viste de blanco el día de la boda. La viuda aprende, con los años, que la fidelidad verdadera es al negro: el color que no miente sobre el desgaste y la pérdida. Vestirse de negro es la elección final. Es mirar de frente a la verdad y encontrar en su oscuridad una elegancia austera. Es saber que nada que valga la pena permanece intacto. Y que la muerte, al final, no es más que el negro aceptando su triunfo sobre la frágil ilusión del blanco.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO QUE SE QUEDA
Uno aprende, con el tiempo, que algunas cosas se quedan. Una canción. Una persona. Una playa. Un día cualquiera. Una noche. Una tarde q...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Te pasás la vida soñando. Con la casa, con el auto, con ese rincón de paz donde todo esté en su lugar. Juntás plata, pedís créditos, fi...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...
No hay comentarios:
Publicar un comentario