Elegimos la luz. Era más simple vivir ahí. El valor lo medía lo que la luz tocaba. Lo que quedaba en la oscuridad, lentamente, dejó de importar. Nos dedicamos, entonces, a vivir para ese resplandor. Nos volvimos brillantes. Puros. El mundo se llenó de faros perfectos, cada uno irradiando su propia y solitaria certidumbre. Hasta que intentamos encontrarnos y sólo logramos encandilarnos. La luz, tan generosa para mostrar, era incapaz de unir. No permitía matices. No dejaba lugar para la duda ni la ternura. La luz que elegimos para ser vistos es la misma que nos volvió ciegos. El brillo fue nuestra más clara y definitiva oscuridad.
viernes, 14 de noviembre de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LA MANO IZQUIERDA
El gris de la lluvia entró hace semanas. Los edificios tienen el color del cansancio. La gente camina apurada, pero sin rumbo: es el g...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario