Pensemos en todo lo que se dice sin palabras. Antes de cada frase, hay un vacío que le da forma. Un intervalo necesario. Una conversación sin pausas es sólo ruido. El que calla no otorga. Tampoco se rinde: organiza el mundo. Su silencio es un signo de puntuación en el aire. Las palabras son apenas la punta. Debajo viene el cuerpo: una mano, una mirada, un hombro que se inclina. La voz no sólo dice, también acaricia o hiere con su tono. Pero lo esencial, lo que queda después del ruido, es lo que no se dijo. Al final, sólo el silencio dice la verdad.
martes, 25 de noviembre de 2025
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