Hay épocas que se construyen con otro material. Más espeso, más quieto. Uno habita esos días con la certeza de haberse quedado afuera del mundo. Es un territorio privado de horizontes. Ya no importa el cuándo, sólo persiste el si acaso. Pero el mundo no consulta. Avanza. Y en su avance, riguroso, la luz encuentra su rendija. No es una explosión. Es un cambio casi imperceptible, un tenue aclararse del cielo. Un amanecer que, por fin, se puede respirar profundamente. Es la puntualidad de lo natural. La prueba tangible de que ningún estado es definitivo. La dureza se quiebra. No por un acto heroico, sino por el inevitable cansancio de lo oscuro. El calor vuelve. Siempre vuelve. No como un triunfo, sino como un regreso. Como la verdad del fuego tras la leña. Esa es la lógica elemental. Lo quieto no es más que tránsito interrumpido. La demora, un modo de la llegada.
miércoles, 26 de noviembre de 2025
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QUEDARSE QUIETO
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