Existe una forma de mirar que escapa al intercambio. No negocia. No consume. No es la mirada del tener. Es la del ser. Quien así mira renuncia a apropiarse de lo visto. Prefiere, en su lugar, crear un espacio. Una suerte de territorio libre donde lo mirado puede, sencillamente, ser. Es un acto de afirmación. Pura generosidad, sin deuda. Esta mirada desconoce el valor de mercado del encuentro. No evalúa para comprar o vender. Confirma. Por eso no señala la falta, sino la posibilidad. No recuerda lo que falta, sino el puro asombro de existir. Cuando uno recibe esta mirada, no siente el peso de la deuda. Siente el alivio, breve y absoluto, de ser por fin un fin en sí mismo. Es el regreso a casa, después de toda una vida de exilio.
lunes, 24 de noviembre de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
QUEDARSE QUIETO
El mundo perdió sus templos. Nadie sabe bien quién bendice, quién condena. Entonces uno podría esperar afuera, con la mano extendida, a...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Una puerta. Está el afuera, y el adentro. Abrir es un acto sencillo: permitir el paso de un lado al otro. La dificultad reside en lo q...
No hay comentarios:
Publicar un comentario