Me fui. Uno de esos días, simplemente hice de mi ciudad un lugar vacío, de esos que no se llenan con nada. Desde aquí, sé que muchas cosas siguen. El bar, la plaza, las veredas de siempre. Todos dicen hola. Sé que preguntan por mí. Es un código simple, una señal que atraviesa la distancia para recordarme que ese lugar no me suelta. Todos dicen hola. Y en esa frase corta, común, late la prueba de que sigo siendo una pregunta que se hacen. Ahora acumulo distancia. Camino calles que no tienen mi historia. Hay momentos en que el mundo pesa más de lo pensado. Cuando eso pasa, recuerdo una sola cosa: no importa la hora, ni el día, ni la derrota. Allá, las puertas no tienen llave para mí. Siempre se puede volver. Siempre. Volver al lugar donde los testigos de mi infancia me reconocerían al instante, sin necesidad de explicaciones. Donde las paredes guardan la medida exacta de lo que fui. Ese lugar no es un recuerdo. Es una dirección. La mía. Los imagino esperando. Todos diciendo hola.
lunes, 3 de noviembre de 2025
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