Hay una manera de irse. Alguien te muestra un caminito de tierra. Angosto. "Ahí", dice. Es todo. No hay rutas anchas. Sólo ese paso, casi secreto. Un sendero que no promete nada. Esa persona te suelta la mano. A su pesar. Es un gesto mínimo, pero decisivo. Te quedás mirando el camino. Después, caminás. Porque a veces lo enorme necesita sólo un comienzo. Un pequeño espacio, exacto. Alguien que lo señale. Lo hermoso no es la llegada. Es la verdad de ese "ahí". La seguridad que transmite. Y la mano que, aunque no esté, sigue estando.
sábado, 13 de diciembre de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
COSAS CIERTAS
El hombre permanecía sentado. Llevaba horas sin moverse. El lápiz, en la mano, inútil. Entonces recordó aquella tarde, años atrás, en l...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario