El miedo a envejecer es ver, un martes cualquiera, que el rumbo que llevás no es el tuyo. Que en alguna curva te perdiste. El miedo no lo provocan las arrugas. Es la consecuencia de un presente usado de modo incorrecto. Como una nota desafinada: suena, pero no pertenece a la melodía. Envejecer con miedo es haber dejado de crear. Es pasar de autor a espectador. De productor a consumidor. Los días se reciben, no se inventan. Ahí reside el error. La corrección es sencilla. No un cambio, sino una toma de posesión. Un acto único. Hoy. Ceder el paso. No contestar el mensaje. Mirar por una ventana que no es la tuya. Una vez. Con eso basta. Es reafirmar la autoría. Recuperar el tono. A partir de ahí, el tiempo ya no se pierde. Se emplea. Cada año es un testimonio: un compás de la canción que, por fin, estás tocando. No hay más vejez que la de quien dejó de escribir su vida. La otra, la verdadera, es sólo el arte de tapa. La firma.
lunes, 1 de diciembre de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LA PAUSA
La gente corre. Pero cuando la carrera se detiene, aparece un vacío. Ese vacío es el único lugar desde donde es posible ver algo. Vivim...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario