El amor no es ponerse en el lugar del otro. Eso es fácil. Es quedarse en tu lugar, y ver al otro en el suyo. Y que esa vista, clara, te guste. No es "sentir lo mismo". Es aceptar que no van a sentir lo mismo nunca. Que hay una parte del otro a la que no vas a entrar. Y no insistir. Es como dos árboles. Crecen juntos, a veces tocan sus ramas. Pero cada uno tiene sus propias raíces. El buen amor no enreda las raíces. Sabe que si lo hacés, los dos se ahogan. Los deja ser. Los riega, pero por separado. La gente cree que amar es entenderlo todo del otro. No. Es respetar lo que no entendés. Es no exigir explicaciones para lo que es, simplemente, él o ella. Es no convertir al otro en algo tuyo. Dejarlo ser una persona aparte. Si no hay distancia, no hay amor. Hay miedo. Hay necesidad. Hay un intercambio. El amor verdadero empieza donde termina tu poder sobre el otro. En ese borde preciso. Y ahí, recién ahí, se puede construir algo que no sea una cárcel.
miércoles, 31 de diciembre de 2025
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