A veces se instalaba una emoción. Un dolor. Una alegría. Llegaba, y lo ocupaba todo. Uno pensaba: esto es ahora. Esto es para siempre. Pero no. Porque llegaba el martes. Y después el miércoles. Y lo que parecía sólido, el tiempo lo iba deshaciendo. Suavemente. Sin prisa. No era magia: era la mecánica simple de las horas. Cada nueva hora empujaba a la anterior. Cada nuevo día limpiaba el anterior. Así que uno aprendía. No a pelear. Sino a soltar. A confiar en que la marea, sin falta, se retira. Siempre. Esa era la verdad. Dura y clara. Todo llega. Todo se va.
jueves, 1 de enero de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO QUE SE QUEDA
Uno aprende, con el tiempo, que algunas cosas se quedan. Una canción. Una persona. Una playa. Un día cualquiera. Una noche. Una tarde q...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Te pasás la vida soñando. Con la casa, con el auto, con ese rincón de paz donde todo esté en su lugar. Juntás plata, pedís créditos, fi...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...
No hay comentarios:
Publicar un comentario