No se construye con maderas idénticas. Si todo encaja a la perfección, no hay unión. Hay un engaño. Un muro. Cuando dos personas coinciden en todo, algo está mal. Uno ha dejado de pensar. Ha cedido. La coincidencia total es una sumisión disfrazada. La verdadera cercanía necesita del desacuerdo. Del espacio entre las dos orillas. De reconocer el borde ajeno y, desde allí, empezar a construir el puente. Lo que somos se alimenta de lo que el otro no es. Un "nosotros" fuerte se escribe con letras distintas. El puente no une dos puntos iguales. Une dos diferencias. Y es bueno porque se balancea sobre el vacío que lo justifica. Por eso, si no hay distancia que salvar, no se llama puente la construcción. Se llama espejo. Y hay que tener cuidado con lo que devuelve.
jueves, 4 de diciembre de 2025
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