Se cree que la muerte gana. Que el amor termina con el último suspiro. Pero mirá el invierno: todo parece quieto, acabado. Sin embargo, bajo la tierra dura, la raíz vive. Espera. El invierno no es el fin, es sólo una pausa. El amor verdadero no es un sentimiento fugaz. Es un acto. Es elegir construir algo junto a otro. No para poseer, sino para afirmar. Es como levantar una casa con las propias manos, ladrillo sobre ladrillo. La persona se va, sí. Pero la casa queda. No es un recuerdo. Es un lugar donde se sigue viviendo. Donde cada gesto aprendido, cada verdad compartida, es una luz que no se apaga. La muerte existe. Pero el amor es otra cosa. Es una construcción que, una vez hecha, no se derrumba. Por eso, al final, lo que perdura no es un fantasma. Es una casa tibia. Y adentro, el invierno no entra.
martes, 2 de diciembre de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
ENTRAR
Todas las tardes, un hombre se detenía ante la misma puerta. La puerta de su casa. Metía la llave, giraba, empujaba. Adentro, todo esta...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Llegará un día en que, al abrir los ojos, el futuro ya no será aquel paisaje generoso donde se guardaban todos los comienzos. Seguirá a...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario