Yo también estoy apurado. Construimos prisa, todos. Es nuestro material de trabajo. Jugamos un triste juego. Levantamos muros con ladrillos de minutos. Yo también desvío la vista. Prefiero la pantalla a la ventana. El tono del teléfono es una intrusión en mi silencio. ¿Para qué? Pregunto sin dejar de teclear. ¿Para ganar qué? Un puesto en una fila que no termina. Mientras, la vida ocurre. Un rectángulo de sol en el suelo. Una charla profunda. Cosas sin precio. Las ignoramos. Las pisamos, camino a lo siguiente. El beso corto, la frase que queda resonando. Pagamos con el ahora por un después brillante. Un mal negocio. A veces, paro. Suelto el teléfono. Apago la computadora. El aire cambia. Observo el polvo girando en un haz de luz. Nada más. Eso es todo. No hay otro premio. Ningún rédito económico. Sólo esto: el instante quieto. Lo tengo aquí, ahora. Frágil. Completo. Mi única victoria.
martes, 9 de diciembre de 2025
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QUEDARSE QUIETO
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