Llevar una casa dentro. No demasiado grande. Una luz que no es la del sol, sino otra: una claridad íntima, un ámbito donde las cosas encuentran, por fin, su sentido. En cambio, casi todos viven en la casa de afuera. La de las ventanas abiertas al ruido del mundo. No es un error. Puede alcanzarse allí la felicidad. Pero si alguna vez conociste la casa interior, ya lo sabés: la de afuera es escenografía. Se puede estar en ella, pero no vivir. Es un simulacro. Ahí empieza el camino. Es, simplemente, la decisión de quedarse en la casa de adentro. Aprender a respirar bajo esa luz particular. Otros recorren avenidas anchas. Nosotros, un pasillo angosto. No es mejor. Es, apenas, más verdadero. Seguí. No mirés atrás. La única fidelidad que importa es hacia esa luz modesta. Se vive una sola vez. Y sólo se elige una casa.
domingo, 11 de enero de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO DEMÁS
A veces alguien quiere escribir su vida. Se sienta donde puede. Empieza por lo de afuera: la casa, el pueblo, los años. Después, si ins...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Una puerta. Está el afuera, y el adentro. Abrir es un acto sencillo: permitir el paso de un lado al otro. La dificultad reside en lo q...
No hay comentarios:
Publicar un comentario