Podría decir que soy un catálogo. Una colección de fragmentos. Lo que llamo mi memoria es, casi siempre, la historia de otros. Lo que considero mi pensamiento, una frase que leí o escuché y que ya no distingo de mí. Hay un modo de callar que perteneció a mi padre, y una manera de andar que adquirí de mi madre. Sin pedir permiso. Esta mano que escribe está movida por la mano de todos los que la tocaron. A veces pienso: mi verdadera naturaleza es ser receptor. Ser un buen suelo donde caen las semillas. Un espacio dispuesto. Lo que queda después de todo eso, lo que no es préstamo, es el orden que le doy a lo recibido. El arreglo. La composición. Ese es mi único acto original. Lo que llamo mi personalidad. No soy lo que me dieron. Soy el modo en que lo acomodo. Entonces, existo como una intención de claridad en el concierto de lo heredado. Un breve silencio que da forma al ruido del mundo.
sábado, 10 de enero de 2026
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