Creías en los finales. En las puertas que se cierran para siempre. En las historias que terminan en punto final. Pero el mundo no funciona así. No conoce la palabra “nunca”. Lo que tirás a la basura. La llave que arrojás al río. La cara que decidís olvidar. Nada de eso desaparece. Sólo muta. Se desviste de su forma antigua y se pone otro traje. Se muda a otro barrio de la memoria. Pero permanece. Hasta lo que se quema por completo. Hasta el adiós más seco. Algo queda. Un polvillo. Una sombra de calor. Ese resto mínimo, esa partícula que se resiste a la nada, es la semilla de todo lo que vendrá. No empezás de cero. Empezás de eso. De lo que sobrevivió. Lo importante no es lo que se lleva la tormenta. Es lo que queda sobre la tierra después de que pasa. Una verdad simple. Frágil. Irrefutable.
jueves, 8 de enero de 2026
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