El miedo dibuja un círculo, un límite. Pero el hombre siente un impulso: necesita lo que está más allá. Para alcanzarlo, hay una regla simple: hay que soltar lo que se tiene. No hay otra opción. Lo esencial es ese soltar. No es un acto heroico, sino un gesto casi imperceptible. La costa es un lugar ya conocido. Quedarse allí es condenarse a ver siempre el mismo paisaje. Quien parte cumple una palabra que se dio a sí mismo. No busca un premio; se mueve hacia lo desconocido llevando sólo lo indispensable. La libertad no es algo que se encuentra, sino el acto mismo de avanzar. Es el cuerpo en movimiento. Un latido. Y al final, sólo quien abandona la orilla descubre que el círculo no era una jaula, sino el horizonte que demarcaba su propio valor.
lunes, 5 de enero de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
NO HAY HAZAÑA EN EL DESAYUNO
Uno mira el cielo y se convence de que ahí, arriba, está su nombre. Quiere ser explorador de lo infinito, arquitecto de estrellas, fun...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario