Existen dos modos de sentir. El primero es una respuesta. Algo externo te roza y vos reaccionás. Es sincero, pero ahí termina. El segundo no es una respuesta. Es un impulso, algo interno. Sin que nada lo provoque, decide emerger. Tu cuerpo, tu tiempo o tu comida inician un pequeño viaje: de tu mano a la mano de quien carece de ello. Lo primero honra al sentimiento. Lo segundo corrige al mundo. Una corrección mínima, casi imperceptible. Como cuando, ante una balanza desequilibrada, alguien retira un gramo de donde sobra y lo coloca donde falta. No se arregla todo. Sólo se alivia levemente el desbalance. Quien actúa así no es un héroe. Es un ajustador de pesos invisibles. Luego continúa, con un gramo menos en el bolsillo. Quizá camine más liviano, o tal vez más pesado: no se sabe. Lo único cierto es que el suelo que pisa ya no es el mismo. Es el suelo de un mundo que, por un instante, fue menos desigual. He ahí la diferencia. No es cuestión de sensibilidad. Es cuestión de arquitectura. Unos decoran la casa con sentimientos. Otros, en silencio, enderezan una pared.
martes, 3 de febrero de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
BUENAS INTENCIONES
Hay personas que son una contradicción andando. Van por la vida con un gesto que parece rechazo, con palabras que hieren sin querer, co...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Llegará un día en que, al abrir los ojos, el futuro ya no será aquel paisaje generoso donde se guardaban todos los comienzos. Seguirá a...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...
No hay comentarios:
Publicar un comentario