Un vaso de agua no da la felicidad. La felicidad llega cuando el agua, dentro tuyo, mide la sed que había un instante antes. No es el agua lo que importa. Es la sed que saciás. Es un acto de comparación. Por eso el sediento con un vaso es más feliz que el rey con un lago. El rey no tiene sed. No puede comparar. La felicidad es siempre una medida invisible. Ponés lo que tenés ahora junto a lo que te faltaba: la luz junto a la oscuridad, el silencio junto al ruido, el pan junto al hambre. No es lo que llega. Es el vacío que eso viene a llenar. Sin vacío, no hay milagro. Sólo cosas. Así que no hay que acumular cosas. Hay que guardar, en cambio, algunas faltas. Algunos vacíos. Conservarlos como instrumentos de medida. La felicidad no es el agua en el vaso. Es la sed que te permite sentirla.
martes, 3 de febrero de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
EL REFUGIO
La ciudad, a ciertas horas, se vuelve un animal sin dueño. Sirenas, vidrios rotos, gente que corre a ningún lado. Ahí afuera uno es nad...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Una puerta. Está el afuera, y el adentro. Abrir es un acto sencillo: permitir el paso de un lado al otro. La dificultad reside en lo q...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
No hay comentarios:
Publicar un comentario