Uno viaja a la gran ciudad y al principio todo impresiona, hay una vibración, una promesa; pero después de un rato, si uno viene de un pueblo, empieza a notar que algo falta: se ve en la forma de caminar de la gente, en esa manera de cruzar la calle con el teléfono en la mano, en cómo piden el café sin levantar la vista -como si el mundo fuera una pantalla y ellos los dedos que la deslizan-. La ciudad funciona, es eficiente, pero hay algo que no está, algo que se nota en los bares a la tarde, cuando la luz cae sobre mesas llenas de gente que está con gente pero que en realidad está en otro lado. Uno que ha vivido años en un pueblo advierte estas cosas porque allí, cuando alguien te habla, te mira, cuando te invita un café, se queda; hay pausas, hay un silencio que no necesita ser llenado. En la ciudad, en cambio, el silencio parece molestar y siempre tiene que haber algo sonando, algo que hacer. La gente corre pero no va a ningún lado que valga la pena, todo parece cuidado, pensado, controlado, y sin embargo en las caras se nota un cansancio que no es físico. Uno vuelve al pueblo y piensa que allá, en esa ciudad brillante, hay de todo, pero también hay una soledad rara: una soledad de estar siempre conectado y nunca encontrar a nadie, una soledad de vidriera donde todo se ve pero nada se toca. Entonces uno se sienta en la puerta de su casa, mira los árboles, el vecino que pasa, el cielo que se va poniendo naranja, y piensa que quizás la decisión más importante es aceptar ser parte del mecanismo o animarse a quedar afuera: porque adentro hay luces, ruido, movimiento, pero también una corriente que no te deja pensar; y afuera hay menos cosas, sí, pero las que hay, están: el mate en la mano, la vereda, la charla sin apuro, el lujo enorme de no tener que demostrar nada, de apagar el teléfono y que no pase nada, de mirar cómo se apaga el día sin necesidad de registrarlo, sin convertirlo en otra cosa; y eso, que parece tan poco, es lo único que no se consigue en las tiendas, lo único que no se puede comprar, lo único que sigue siendo real cuando todo lo demás es puesta en escena.
domingo, 22 de febrero de 2026
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LA DECISIÓN
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