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martes, 24 de marzo de 2026

NADIE SALE

     Vivimos tiempos extraños: nos inducen a actuar como si fuéramos libres. La libertad ya no es un derecho que se defiende. Es una tarea que se cumple. Cada uno es su propio gerente, su propio inspector, su propio verdugo amable. No hay afuera. Todo es posible, y esa es la condena. El exceso de opciones no amplía el mundo: lo adelgaza. Porque elegir algo se ha vuelto rechazar todo lo demás, y ese rechazo pesa. Entonces preferimos no detenernos. Seguir. Producir. Publicar. Ser. La quietud es la única falta grave. Pero en esa carrera no hay cansancio que alcance. El cansancio sería un límite, y los límites se han vuelto imperdonables. Así que se corre hasta que el movimiento se confunde con la vida. Y al final uno ya no sabe si actúa por deseo o por el miedo a quedarse atrás. Lo curioso es que nunca hubo tanto control disfrazado de entusiasmo. Nunca se nos pidió tan poco obedecer y tanto aplaudir nuestra propia sumisión. La jaula está abierta. Pero adentro hay Wi-Fi, y música, y un futuro que promete más. Por eso nadie sale. Afuera, en cambio, hay sólo una cosa: decir que no sin tener que justificarlo.




EL RESCOLDO

     Un día cualquiera uno abre la puerta y afuera hay otra cosa. No es que las flores aparezcan de golpe ni que los pájaros se decidan a ca...