La violencia es un músculo que se ejercita. El egoísmo, una costumbre. Pero hay algo más pequeño que eso: un conductor que frena para que cruce una mujer con bolsas. Una persona que dice “me equivoqué” sin bajarse del todo de su orgullo. Un joven que no se ríe del que cayó. Eso no arregla nada. No va a salir en las noticias. Sin embargo, alguien que ya había decidido tirar todo por la borda, que ya había aceptado que sacar ventaja era la única regla, se encuentra con eso. Un tono de voz. Una pausa. Una disculpa mal dicha. Y desiste. Contra la violencia, eso no compite. Compite contra la certeza de que todo da lo mismo. Y a veces, gana. Salva a uno. No a todos. A uno. Y eso ya es un montón.
jueves, 21 de mayo de 2026
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SALVAR A UNO
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