El pez recuerda. No tres segundos. Eso es una mentira que la gente repite para sentirse menos sola en su propia incapacidad de retener. El pez recuerda la sombra que pasa, la hora de la comida, la piedra que lastima. Su memoria es pequeña pero precisa. Como una caja con pocas cosas, y cada cosa en su lugar. La persona, en cambio, lo tiene todo. Toda la información del mundo en la palma de la mano. Pero no retiene nada. Porque para recordar hace falta un vacío, un silencio, una pausa. Y la persona ya no tiene pausas. Sólo estímulos. Un estímulo tras otro, sin espacio entre ellos. Entonces la información entra y sale. Como agua en un colador. No moja. No queda. El pez tiene poco. Por eso lo poco que tiene lo agarra fuerte. La persona tiene demasiado. Por eso suelta todo. Al final, el pez sabe dónde está el anzuelo. La persona, en cambio, ni siquiera recuerda que alguna vez supo lo que era un anzuelo. Y el anzuelo, mientras tanto, sigue allí.
Mostrando entradas con la etiqueta vacío necesario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vacío necesario. Mostrar todas las entradas
martes, 14 de abril de 2026
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
DUENDE
En Japón lo llaman wabi-sabi. No se trata de que lo roto sea bello. Es que, a veces, en lo roto, aparece algo. La voz gastada de Robert...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Una puerta. Está el afuera, y el adentro. Abrir es un acto sencillo: permitir el paso de un lado al otro. La dificultad reside en lo q...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...