domingo, 15 de marzo de 2026

LO QUE NO SE VE

     Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el colectivo. No se miran. No se conocen. No tienen por qué. Llega el colectivo. Suben. Ella mira por la ventanilla. Él busca algo en su teléfono. Cualquiera que los viera diría: son personas comunes. Y tendría razón. Pero si uno pudiera verlos por dentro, si existiera una manera de mirar adentro, vería algo que no se ve desde afuera. Vería que ese hombre, a veces, es el que no se anima; y otras, el que se anima. Vería que esa mujer, a veces, es la que quiere que la miren; y otras, la que quiere pasar desapercibida. El colectivo frena. Alguien se baja. Alguien sube. El hombre se baja veinte minutos después. Camina hacia su casa. Antes de entrar, se queda un momento en la puerta. Adentro hay alguien que lo espera. Esta noche, sin que él lo sepa, esa persona va a necesitar que él sea el que cuida. Y él lo será. La mujer sigue en el colectivo. Todavía le quedan varias paradas. En algún momento, se bajará, caminará dos cuadras, abrirá una puerta. Adentro hay una mesa puesta. Ella se sienta. Alguien pregunta cómo fue el día. Ella dice que bien. Y así pasan las cosas. Todos somos el que tiene miedo. Todos somos el que se anima. Todos somos el que cuida. Todos somos el que necesita que lo cuiden. Depende del momento, de quién tenemos al lado, del día. El hombre ya entró en su casa. La mujer ya llegó a la suya. La ciudad sigue. Mañana será otro día. Serán otras versiones. Pero ahora, en este momento, son los que están siendo. Uno solo y todos a la vez.




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