El 26 de junio de 2016, Messi dijo: "Para mí, se terminó la selección". Cuatro finales perdidas. Demasiado esfuerzo en vano. Demasiadas críticas. Se fue. Pero volvió. Levantó la Copa América en 2021. El 22 de noviembre de 2022, perdió contra Arabia Saudita. No habló de irse. Dijo: "Que la gente confíe, este grupo no los va a dejar tirados". Esa frase fue un contrato. Sin cláusulas. Sin firmas. Sin fecha de vencimiento. Una sola línea: yo, Messi, prometo quedarme. El país no pedía nada más. Él tampoco. Sólo ofrecía una certeza: no los voy a abandonar. No pidió aplausos. No pidió comprensión. Dijo "confíen" y se puso a correr. Corrió contra México, contra Polonia, contra Países Bajos, contra Croacia. Corrió en la final contra Francia. Corrió hasta el instante en que la copa estuvo en sus manos. El 18 de diciembre de 2022, la levantó. No como un trofeo, sino como la prueba de que su palabra era verdad. Pasaron cuatro años. El grupo sigue. En el ínterin ganó otra Copa América. Acaban de eliminar a Suiza en cuartos de final de la Copa del Mundo 2026. Otra vez sufriendo, otra vez en tiempo suplementario, otra vez de pie, con el corazón en la mano. Messi tiene 39 años. El miércoles jugarán contra Inglaterra. Nadie lo obliga. Nadie le exige. Pero está ahí. Porque el contrato de 2022 no era para un torneo. Era para siempre. La frase de 2016 fue una despedida. La de 2022, una promesa. La de 2026, si llega, no hará falta pronunciarla. Porque cumplir no es una frase. Es una forma de ser. Él cumple. Sigue cumpliendo. Siempre cumplió. Sin grandilocuencia. Sin pedir nada. Solamente está. Y estar, cuando se prometió estar, es todo. Por eso, cuando la gente mire hacia atrás, no recordará los goles. Recordará que un hombre, en el momento más oscuro, dijo "confíen". Y después, durante años, en cada partido, en cada derrota, en cada victoria, demostró que su palabra valía. La selección no nos dejó tirados. Y esa selección, en el fondo, siempre fue él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario