Se sentó en la silla. No había nada sobre la mesa. Eso era importante. Afuera, el mundo se compraba y se vendía. Adentro, en cambio, él no hacía nada. El ocio es la negación del negocio, y él, hacía tiempo, había cerrado ese trato. No comprar. No vender. No cambiar el minuto por el resultado. Miró la pared blanca. La miró como se mira cuando ya no se debe: con la mirada vacía de propósito. Y en esa mirada, sin que nada ocurriera, ocurrió todo. Contemplar era, simplemente, pensar con los ojos. Se levantó. Salió. Caminó una cuadra. Dos. En la tercera, el teléfono, en el bolsillo, comenzó a vibrar. Lo miró. No atendió. Guardó el teléfono y siguió caminando. Al día siguiente, a la misma hora, se sentó en la misma silla. Y la mesa, otra vez, seguía vacía.
miércoles, 1 de julio de 2026
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LA PAUSA
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