Alguien cierra la puerta. Cree que lo hace para que no pase el frío. Pero no. Cerrar una puerta es poner un límite. Es decidir que lo de afuera no entra. El que cierra no sabe eso. Así pasa siempre. El trabajo, el amor, los viajes: todos tienen un nombre falso. El nombre de verdad está escondido. Se muestra al final, quizás, o nunca. Uno va hacia una cosa y encuentra otra. O no encuentra nada. Pero eso no es un fracaso. Es el único modo de moverse. Si supiéramos adónde vamos, no siempre saldríamos. La fuerza que empuja no es la certeza, es la falta de ella. Al final, la vida no se parece a lo que uno planeó. Se parece a lo que uno hizo sin pensar. El tiempo pasa y uno descubre que todas las horas que dedicó a algo no eran para eso. Eran para otra cosa. Para preparar una mesa, quizás. Para que alguien, algún día, pudiera sentarse. Pero eso no lo supo en el momento. Nadie lo sabe en el momento. Y está bien que así sea.
sábado, 11 de julio de 2026
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SIN SABER
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