A los trece años, salir es solamente eso: salir. La bicicleta espera apoyada contra la pared. El skate descansa en el patio. No hay adónde ir. Sólo el asfalto, el viento en la cara, las piernas que giran sin pensar. Los chicos juegan hasta que la luz se vuelve amarilla. Nadie los llama. Nadie los espera. El mundo es una calle que baja, un freno que no frena, una rodilla raspada que no duele. Más allá, una barranca los desafía con su inclinación perfecta. Descubren cosas pequeñas: un árbol torcido, un perro que los sigue, la sombra alargada de las cinco de la tarde. No saben que eso es la libertad. La viven, nomás. Después, sin aviso, algo cambia. No es el cuerpo. No es la edad. Es la primera vez que miran el reloj antes de salir. Y ahí, sin ruido, se termina.
miércoles, 29 de abril de 2026
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ANTES DEL RELOJ
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