A veces aparece una persona que parece común. Hace cosas comunes. No pronuncia grandes frases. Pero uno la mira y siente algo. Algo que no sabe nombrar. No es inteligente de esa manera que impresiona. No es hábil para hablar. Es, simplemente, alguien que está bien con lo que es. Y esa simpleza, tan rara, le devuelve a uno la fe en la condición humana. Porque uno la ve y piensa: así está bien. Así se puede vivir. Sin apuro. Sin mentira. Con algo quieto adentro que no necesita mostrarse. Uno se va. No recuerda ninguna palabra. Pero algo, adentro, cambia. Muy poco. Lo justo para seguir.
martes, 28 de abril de 2026
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