Uno vive en un edificio. No sabe el nombre del vecino. A veces, ni el suyo. La ambición solía tener una forma. Ahora es inercia. Crecer por crecer. No saber el nombre del vecino es parte de eso. No saber el propio también. La ciudad se hunde en el barro. No de golpe. Despacio, mientras la gente mira el teléfono. Consume. Consume cosas. Consume personas. Una mañana, el edificio está un poco más inclinado. Nadie se muda. Ya no hay otro lugar. Y uno sigue ahí. Sin saber el nombre del vecino. Sin saber el propio.
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CRECER POR CRECER
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