La gente decente, esa que nunca traiciona, esa que afronta el peligro, también tiene un punto ciego. No es un defecto. Miran el mundo y, sin proponérselo, le ponen orden. Un orden doméstico. Las cosas que les hacen bien las acercan. Las que les causan daño las alejan. Aquello que ansían lo iluminan. Lo que odian lo empujan a la sombra. Así construyen un territorio. Creen que es el mundo. Pero es su casa. Y cuando alguien llega con un plano diferente, no lo entienden. Porque ellos no dibujaron un plano. Edificaron una habitación donde estar a salvo. Esa es la trampa. Los más rectos son los que menos sospechan que su verdad tiene dueño.
viernes, 8 de mayo de 2026
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LOS RECTOS
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