La casa tiene dos puertas. Una da a la calle. La otra no. Por la primera se entra y se sale. Se dice "buen día". Se muestra la cara que hay que mostrar. Esa puerta sirve. Es útil. Pero no guarda nada. La otra puerta no se abre para cualquiera. A veces no se abre nunca. Pero cuando se abre, uno entra y deja ahí lo que no se puede decir en la calle. Una tristeza. Un miedo. Un deseo que no tiene hora. Esa puerta no tiene llave. Sólo se aprende a sentir cuándo toca abrirla. Y se aprende solo. O con los que entran ahí dentro. Que son pocos. Que se cuentan con los dedos de una mano. Después se vuelve a la otra puerta. Se vuelve a la calle. Se vuelve a decir "buen día". Y todo sigue igual. Pero no es igual. Porque uno ya sabe dónde está lo que vale.
domingo, 10 de mayo de 2026
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DOS PUERTAS
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