A veces uno mira al cielo y ve la estela de un avión: una línea blanca que dura un instante y ya no está. Eso es estar perdido. Uno camina, compra, regresa. Pero antes de dormir no sabe dónde queda su casa. Su nombre le parece prestado. Ahí, en ese hueco, hay una soledad que no se llena con nada. Los demás corren. Se llenan de cosas. Pero todos tienen el mismo vacío. Todos están igual de perdidos. La estela se borra. El avión sigue. Pasa lo mismo con nosotros: dejamos un rastro que el viento se lleva mientras seguimos volando sin saber hacia dónde. Estar perdido no es un error. Es el modo exacto de la existencia. Cuando uno lo acepta, el cielo queda vacío. Pero por primera vez, vacío de mentiras. Morir es que el rastro termine. Vivir es saber que termina. Y seguir.
jueves, 7 de mayo de 2026
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