Uno está en la cama, con fiebre alta. La cabeza le pesa. Las sábanas están mojadas. Sabe que así pasará toda la noche. Ya lo sabe. Ya lo aceptó. Entonces suena el teléfono. Es una persona que no habla de lo grave. Pregunta si tomó agua. Cómo está el gato. Se ríe de una torpeza propia. Uno corta. Vuelve a la penumbra. Pero la fiebre, de pronto, arde distinto. Sigue siendo fiebre. Duele igual. Sin embargo, algo cambió. Como si el peso de esa noche hubiera encontrado un punto de apoyo en otra parte. Esa mínima victoria contra el derrumbe es lo que yo llamo amor. No cura nada. Pero reorganiza el modo de estar.
martes, 12 de mayo de 2026
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PUNTO DE APOYO
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