domingo, 5 de octubre de 2025

SILENCIOS

     Se accede a ciertos lugares de uno mismo, o no se accede. No es un problema de espejos o de giros bruscos. Ocurre lo mismo al escribir. Incluso en esas confesiones privadas. Existen territorios que el lenguaje esquiva. Por eso armamos relatos. Para trazar un perímetro limpio alrededor del vacío. Un hombre dice: tuve una infancia feliz. Es una frase. Un artefacto. Algo que se instala para no tener que descender. Mejor no hurgar. Después, la juventud: un viaje. El primer beso. Todo en su sitio. La vida como un inventario. Los hijos, el amor, la familia. Un presente impecable. Pero es domingo y afuera cae la lluvia. Y con el agua, lo adherido se desprende. Queda el andamiaje. Lo que es. Ahí la mano busca, a oscuras, esas geografías internas que no nombramos. Y las encuentra.




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