Un hombre y su responsabilidad. Cada mañana, recoge el peso asignado. Lo lleva con una dignidad silenciosa. Es su deber. La rueda que gira porque él la empuja. Al caer el sol, suelta la carga. No hay drama en este acto. Sólo la certeza de un límite. La frontera entre lo que el mundo exige y lo que un cuerpo puede dar. La belleza está en ese equilibrio. La responsabilidad, vasta como el cielo. La finitud, exacta como el latido de una muñeca. Pese a todas las máscaras risueñas que todos nos ponemos. Al final, sólo el suspiro de quien acepta su medida. El honor de haber sostenido el mundo. Y la paz de soltarlo a su hora.
domingo, 2 de noviembre de 2025
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