lunes, 19 de enero de 2026

TIEMPO INTERIOR

     Hay una inteligencia que se premia. Es la del acto reflejo, la palabra justa a tiempo. Brilla. Se ve. La otra no se ve. Es lenta. Recibe una pregunta y no la devuelve. La guarda. La lleva consigo, como una piedra rescatada del mar. En el bolsillo. Camina con ella. Duerme. Come. La olvida por meses. La piedra, quieta, trabaja. Pule sus bordes, contra las llaves, contra el olvido mismo. Hasta que una mañana, la mano busca algo y la encuentra. La saca. La piedra es ahora otra cosa. Un cristal, quizás. Una pieza limpia y pura. La respuesta, al fin, no es algo que se dice. Es algo que se tiene. La inteligencia veloz ilumina una sala. La inteligencia lenta construye, ladrillo a ladrillo, la casa donde después se vive.




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LO QUE QUEDA

     A veces alguien se va y uno cree que se llevó algo. No es cierto. Se lleva el cuerpo, la voz, esa manera particular de decir las cosas....